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Doki Doki

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Llevaba tiempo con ganas de comer sushi, pero sushi del bueno. E intenté reservar mesa en un par de los mejores restaurantes de Madrid y cómo no, fue imposible. Me daban fecha para un mes después y a horas intempestivas. Así que buscando por la red y siguiendo el consejo de otros foodies descubrí Dokidoki.

Hablaban maravillas de él y aparecía en las listas de los mejores japoneses. Y no se equivocaban.

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El local es muy bonito y minimal. Y la carta te deja babeando sólo con leerla. El chef que está detrás de Dokidoki es Miguel de Vega, quien después de formarse con Diego Guerrero en el Club Allard y con Berasategui en Lasarte, ha apostado por montar su propio restaurante.

Que íbamos de cabeza a por el sushi estaba claro, pero para empezar nos dejamos guiar y comenzamos por un surtido de gyozas, rellenas de curry picante, buey waygu (las mejores) e ibérico. Estaban buenas, pero tampoco me parecieron espectaculares.

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Continuamos con unos gunkanmaki de txangurro y atún picante, que estaban de muerte.

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En el apartado de sushi se pueden encontrar combinaciones clásicas o lo que denominan sus “creaciones”. Éstas segundas son impresionantes. Aún salivo al recordar los nigiris de vieira con mayonesa de wasabi y los de atún con trufa

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Por cierto, ¿os estáis fijando en la vajilla? Cada bocado viene presentado en su plato de cerámica, a cada cual más bonito y original.

Seguimos con el hosomaki de anguila, que era una delicia.

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Y por último otra joya, un bacalao negro con miso que quitaba el sentido. Nos dijeron que era uno de los platos estrella del restaurante y que solía terminarse pronto porque no encuentran con frecuencia este tipo de bacalao y cuando lo llevan en carta es de los más solicitados. Por la foto puede parecer una ración pequeña, pero cunde mucho. Más si estás compartiendo para probar diferentes sabores.

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A la hora del postre, teníamos tan buen sabor de boca con los nigiris, que decidimos no pedir postre (de corte occidental: mango cheesecake, panna cotta de sésamo, fondant de chocolate…) y rematar de nuevo con otro nigiri de vieira. Otra vez, espectacular.

Creo que no hay duda de que me encantó. Como todo lo bueno, es caro. Pero para una ocasión especial, merece muy mucho la pena.

Dokidoki
calle Villalar, 4
Teléfono: 917 79 36 49
restaurantedokidoki

Oven

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Hola, hace siglos que no comparto nada con vosotros. La verdad es que últimamente no saco tiempo para nada. Ni para salir a comer ni mucho menos para detenerme a escribirlo. Es lo que tiene tener una baby gourmet. Qué os voy a contar. Pero venga, hoy os traigo un sitio muy apetecible y prometo hablaros en breve de otro sitio estupendo.

Esta vez vengo con un restaurante italiano bajo el brazo. Se llama Oven y tiene varios locales en Madrid y uno en Murcia.

Lo bueno de los italianos es que son lugares seguros que contentan a todo el mundo. Porque, ¿a quién no le gusta un buen plato de pasta o una pizza crujiente? En Oven la especialidad son los platos de mozzarella y burrata que presentan en forma de ensaladas. Nosotros pedimos la de mozzarela clásica. Es un plato pensado para dos personas.

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Además, puedes encontar otros entrantes como carpaccio de buey, provolone o este ceviche con alga wakame. Estaba buenísimo, pero se quedó un tanto escaso para compartir entre cuatro.

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Los platos pricipales no podían ser otros: pasta o pizza. Y como ya ha llegado el otoño y la temporada de setas, parece ser que a todos nos apetecía probar hongos. Así que fortuitamente nos decantamos todos por la pasta papardelle de setas y trufa, que aparece debajo y estaba muy sabrosa.

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O por la pizza del bosque, con setas y aceite de trufa, que tampoco defraudó. Me encantó que la masa fuese fina y crujiente. Para otra ocasión, me reservo la de pera y trufa que es una de las más solicitadas.

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A la hora del postre, sólo quedaban tres opciones en carta. ¿Y qué hicimos? Pues pedirlos todos, cómo no. Nos encantó el biscotti al horno (galleta de chocolate al horno con helado de stracciatella y sirope de chocolate), el tiramisú y la tarta de queso con dulce de leche.

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Es una buena opción para ir en grupo y compartir platos. El precio medio ronda los 20-25 €. Y además el local resulta acogedor y muy agradable.

 

Oven

C/ Gran Vía, 6
Teléfono: 91 622 57 06
C/ Fuencarral, 74
Teléfono: 91 786 42 68
C/ San Juan de Ortega, 36 (Las Tablas)
Teléfono: 91 425 93 93

Oven.es

The Big Banh

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A comida rápida, entrada rápida. Esta vez tiene que ser así.

En lo que se tarda en comer un bocata os cuento que desde hacer unos meses podemos encontrar en el barrio de Malasaña un local en el que disfrutar de unos maravillosos bocatas “vietnamitas”.

Tranquilos, que lo de vietnamitas no os eche para atrás. Vamos a dejarlo en “fusión” que es la palabra que se ajusta  para todo y que da menos miedo.

A ver, esta imagen que decora una de las paredes del local explica perfectamente en qué consisten sus banhs: pan calentito, mayonesa japonesa (muy rica),  carne (cocinada a baja temperatura en horno de carbón) o verduras marinadas a elegir, encurtidos caseros, rodajas de pepino y cilantro.

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El resultado son estos bocatas: crujientes y llenos de sabor. La carne es una delicia y los encurtidos toda una sorpresa. Porque ese adjetivo de “caseros” no siempre trae consigo algo bueno… ¿verdad?

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El tamaño es el de una baguetina (vamos, un bocata hermoso) y cuestan unos 5,50 €. A ellos les puedes añadir rollitos vietnamitas, algún postre casero (pannacotta de nutella o tarta de queso) y cervezas asiáticas.

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El local está pensado más para pedir y recoger que para comer ahí. Apenas hay taburetes para 6 personas y la decoración brilla por su ausencia.

Pero como lo que cuenta es el sabor, os animamos a pasaros por aquí y disfrutar uno de estos banhs. Me lo agradeceréis.

The Big Banh
Calle don Felipe, 4.
Teléfono: 91 828 68 67
www.thebigbanh.com

Chuka ramen bar

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Desde que leí un artículo en el periódico sobre este restaurante he estado obsesionada con él. Intenté ir en Navidad pero no conseguí mesa. No me quejo, porque a cambio tuvimos la suerte de conocer El triciclo, del que os hablé hace poco, y que no paro de recomendar.

Debí de leer tarde ese artículo, porque cuando fuimos el otro día nos contaron que acaban de cumplir un año abiertos. Chuka está en la que yo llamo la calle originaria del sushi, porque cuando llegué a Madrid si querías tomar sushi terminabas sí o sí en esta calle. Creo recordar que llegó a haber cuatro restaurantes clásicos de sushi. De hecho, por si os acordáis, se ubica donde estaba el restaurante Aki.

Por chuka se conoce a la cocina china que se adaptó al gusto japonés cuando en el siglo XIX numerosos inmigrantes chinos llegaron a este país. Lo que nos presentan aquí es su visión de la gastronomía japonesa con sabores reconocibles (panceta, butifarra, berros, etc.). Chuka se presenta como comida callejera pero de calidad. Tras él está el donostiarra Rodrigo García acompañado de los norteamericanos John Husby y Lorena Mauri.

La fachada del local no invita mucho a entrar, la verdad. Una vez dentro, se reconoce la planta del antiguo Aki. Local pequeño, de ambiente informal, con la cocina vista como se lleva ahora y distribuida en mesas altas con taburetes, que me parecieron algo incómodos para estar mucho tiempo.

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El ramen es el buque insignia de la casa; se sirve rápido pero se cocina a fuego lento. Sería como nuestra sopa de cocido; pues no es más que una sopa de fideos china que se adaptó al gusto japonés. El caldo puede tener distintas bases y se cocina desde 2 horas si es de miso hasta 8 horas si es de carne o pescado y se deja reposar unas 12.  A ello hay que añadirle  diferentes tipos de noodles (fideos) y de guarniciones (panceta, algas, setas, huevo…).

Sin embargo, fue lo único que no probamos. Teníamos idea de compartir todo y nos pareció un poco complicado. Además, otra de nuestras premisas era que la vegetariana del grupo no se quedara con hambre. La carta es breve pero por suerte pudimos contentarnos todos.

Para empezar nos sirvieron de aperitivo pan de gambas con hummus de edamame.

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Seguimos con unas gyozas de edamame y miso que nos sorprendieron mucho, para bien, porque estaban bastante sabrosas.

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Escribir una leyenda

Después, pedimos unos bao bans de shitake, cangrejo (¡ojo, que pica!), pollo y gamba, que fue los que más nos gustó, a pesar de que el picante dejó a alguno un poco k.o.

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Este dok boki (un plato de pastelitos de arroz con calamar), que también tenía su punto picante. Y unas vieiras con ensalada de flores y encurtidos.

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Por último, como postre, el único que ofertan. Un donut de mochi (pastel de arroz) con helado de cítrico. El contraste de sabores y temperaturas nos encantó.

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Es interesante también destacar el surtido de cervezas y cócteles asiáticos, como shochu sour, umeshu royal, tom khallins o sisho mojito.

Lo bueno de no haber probado el ramen (entre otros platos), es que el regreso a Chuka no tiene pinta de hacerse esperar.

 

Chuka Ramen Bar
Calle Echegaray, 9
Teléfono: 640 65 13 46
chukaramenbar.com

Triciclo

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El restaurante que os traigo hoy es otro de esos que estuvieron revoloteando por mi mente durante meses porque por una cosa o por otra no conseguía ir nunca. Así que estas navidades, que me dejaron elegir lugar para una cena de amigos, no tuve dudas.

De todas maneras, cuando vas a un sitio nuevo uno no deja de ir con un poco de miedo de no haber acertado, de que al resto no le convenza o de que al final no sea tan bueno como crees. Pero cuando al poco rato, ves sentarse en otra mesa a cuatro conocidos chefs, dices, éstos no van a cualquier sitio. Hemos acertado seguro.

Y ya lo creo que lo hicimos. Salimos encantados.

El menú está divido en tres partes. Una en la que prima la frescura de las materias primas y su elaboración sencilla (platos como navajas gallegas, alcachofas crujientes, lomo de vaca a la brasa…); otra, con su versión de recetas más tradicionales (ravioli de cocido madrileño, bacalao con sopa de cebolla, jarrete de ternera, etc.) y  la tercera, donde presentan platos internacionales (tiradito de gamba, pasta udón, anticucho…). Todo está pensado para compartir. Pero además, aquí tienen una política que me gustó mucho, ofrecen medias raciones y tercios de ración (vamos, una tapa) de modo que puedes pedir muchos platos y ajustar así las raciones para que todos tengan su parte. Porque no hay nada más desagradable que la típica ración de 5 croquetas para 6 personas, en la que al final siempre se queda alguien sin probarla porque pedir una más parece que supone un desastre nuclear en la cocina.

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El local está diseñado también en tres zonas: una barra donde picar algo; una mesa a modo de reservado cerca de la cocina y la sala principal. Decorada con sencillez, pero con detalles muy cuidados en las mesas. Causó sensación la vajilla campestre, con sus platos de gallinas. Nos hizo gracia pero es verdad que encajan a la perfección con el ambiente del local.

Pero pasemos al menú. De aperitivo nos ofrecieron esta cuchara de salmón con aguacate.

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Después pedimos la menestra marina, que estaba fuera de carta. Está elaborada con algas, moluscos gallegos, plantas marinas, escabeche japonés y verduritas. Una maravilla. Fue sin duda uno de los platos estrella de la noche, por su originalidad y frescura.

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Seguimos con el plato de gambas, shiso y mango y con las alcachofas frescas con mayonesa de cebollino y anchoas, que nos gustaron pero tampoco nos sorprendieron tanto como la menestra.

Un poco después llegaron estas setas, con castañas y queso idiazábal y terminamos con otro de los aciertos, el anticucho de carrillera de cerdo con  arroz chaufa y papa asada.

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Las raciones en general no son muy grandes, pero con ayuda de la camarera y de los tercios de ración, pudimos probar todos los platos sin estrecheces.

Por si alguno se había quedado con hambre, a la hora de los postres nos encontramos ante una sartén enorme de arroz con leche “a la asturiana” y de un, ya menor, chocolate en diferentes texturas con avellanas y galleta de jengibre.

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Otro tema destacable es que la carta cambia con frecuencia, según los productos de temporada que encuentran en el mercado. Lo que garantiza que siempre encuentres platos nuevos en la carta.

Conclusión: bistró de esos que hay anotar para llevar a alguien y quedar bien. Y, sin duda, para repetir.

Triciclo
Calle Santa María, 28.
Teléfono: 91 024 47 98
eltriciclo.es

Coque

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Ya no me queda ninguna duda. Ahí donde va Punt, restaurante que se revaloriza. No hay más que ver las señales. Acudimos a Dstage y al día siguiente se lleva una estrella Michelín; vamos a Coque, y una semana después le otorgan la segunda estrella…¿Casualidad? No lo creo.

Dejando la broma aparte, la verdad es que hace ilusión que se den estas coincidencias. Y más cuando has salido tan contento de un restaurante, que le darías no las dos, sino las tres estrellas.

Disfrutamos en Coque gracias a una oferta de Groupon que ofrecía a muy buen precio degustar el menú “Max madera” con su correspondiente maridaje de vinos incluido. Oferta que se agradece porque Coque está en Humanes (a 20 km. de Madrid) y ya os digo que, si encima corre el vino, conviene no ir (o mejor dicho, volver) en coche. Así que lo que te ahorras, lo inviertes en un taxi y comes con toda la tranquilidad.

La visita es especialmente interesante porque la han organizado de tal modo que recorres todo el establecimiento. Comienzas conociendo la bodega, en la que te sirven los aperitivos mientras hojeas algunas de las 2500 referencias que alberga: seis bocados elaborados con polifenoles de vino que preparan el paladar para todo lo que viene después y que te dejan ya hipnotizado.

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Después continuamos por la cocina, donde  nos explicaron el siguiente plato (piñón hidrolizado con helado salado y su aceite), y por el auténtico núcleo del restaurante, un horno de vanguardia que conservan desde los orígenes del restaurante. Los hermanos Sandoval son la tercera generación. Aquí trabajan con diferentes maderas para elaborar sus platos. En esta zona probamos este bocado de lechuga ahumada con estofado de ternera con polifenoles de vino, que nos dejó maravillados.

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Habitualmente es el chef Mario Sandoval el que recibe a los comensales en la cocina. Cuando llegamos nosotros no estaba ahí todavía. Sin embargo, en cuanto apareció, se acercó a saludar a todos los comensales.

De aquí pasamos ya a la sala, donde vivimos una de las mejores experiencias gastronómicas que hemos tenido nunca. Sólo puedo decir maravillas. Del trato, del servicio, del diseño de Nacho García de Vinuesa (aunque  los toques dorados no son tan de mi gusto), de la espléndida vajilla y, sobre todo, del abanico de sabores que disfrutamos. Como he dicho al principio, no me extraña que le hayan dado las dos estrellas Michelín. Las tienen más que merecidas.

Voy a abreviar un poco el nombre de los platos para contaros qué probamos. Comenzamos (si es que a un octavo plato se le puede decir “comenzar”) con un pan al vapor con guiso de caza, mostaza picante y consomé al armañac (¡¡qué consomé, por favor!!), un tomate asado con moluscos y níscalo;  y (la foto de mayor tamaño) semillas de verduras con especias y pipas fermentadas.

Después vino este delicado y soberbio escabeche de lubina y perdiz con miso.

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Por no hablar de esta deliciosa pepitoria thai de gallo con huevo escalfado en su salsa y boletus guisados con panceta, que te llevaba al cielo desde que descubrías su aroma, hasta que lo saboreabas, por no hablar de la preciosidad de la vajilla en la que venía servida.
Tras él, un chipirón de anzuelo a la brasa, que no desmerecía en nada al anterior.

Para ir terminando, un exquisito ravioli de liebre y ternera con higos a la brasa y cochinillo lacado en leña, con puré de ciruela y melocotón.

Tras los salados llegan los dulces. Y aunque a estas alturas ya no quedaba un hueco en el estómago, nosotros como buenos profesionales que somos, hicimos el esfuerzo. El cambio de tercio llegó con el postre que tomamos en la sala. Y del que, perdonaréis, no recuerdo bien los ingredientes, pero  tenía esta pinta:

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De aquí nos trasladaron al lounge, donde en un ambiente algo más informal disfrutamos con el toque dulce de este espectacular yogur ácido de oveja con tocinillo de cielo y espuma de leche ahumada, al que siguió un chocolate con cremoso de menta y bizcocho sacher.

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Lo excepcional de este menú  es el empleo de diferentes maderas para conseguir en cada plato un aroma, sabor y  textura especial. El resultado es un menú redondo, en el que se suceden recetas tradicionales con especias y salsas de otras cocinas y técnicas de vanguardia. Todo ello para cuidar una materia prima fresca que llega de su propia huerta, sin pasar por intermediarios.

Un consejo, si estás pensando en ir, pero te echa para atrás el desplazamiento a Humanes, de verdad, ni te lo plantees. Disfrutarás tanto, que lo de menos es la distancia.

Coque
Calle de Francisco Encinas, 8. Humanes de Madrid
Teléfono: 916 04 02 02
restaurantecoque.com

Clarita

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Esta entrada tiene sus luces y sombras. Como todo en la vida, diréis. Sí. Luces porque me gustó mucho su comida (y el local, que me pareció muy bonito). Y sombras porque no era todo lo que me esperaba.

A ver, os cuento: resulta que andaba yo buscando un sitio donde poder ir con nuestra mini gourmet y estar cómodos. Que a ver, en un Madrid, dices, seguro que hay cientos de restaurantes preparados para ir con niños pequeños. Con espacio para meter tu carrito, quizá con tronas, con platos de su gusto (que tampoco es tan complicado, porque con una sopa y macarrones lo tienes resuelto), y bueno, ya para nota si hubiera cambiador en el baño!!! Pues no, no creáis que hay tantos. Así que hice una búsqueda por internet y enseguida apareció el nombre de Clarita. Los comentarios decían que era perfecto para familias con niños, que había tronas, les dejaban pinturas para entretenerlos… Y encima la carta tenía una pinta estupenda. No había duda, ¡éste era nuestro sitio!

Y aquí llega la sombra. Llegamos a Clarita y resulta que sólo había una trona (que encima ya había reservado alguien) y, por supuesto, nunca hubo pinturas ni nada con que entretener a la mini gourmet (aunque esto es lo de menos, porque íbamos cargados de juguetes). Quizá os parezca una tontería, pero nos dio un poco de bajón, porque ya que no hay tantos sitios pensados para niños, aparecimos ahí con la emoción de haber encontrado un oasis en el desierto. De ahí la decepción.

Por suerte, todo lo demás fueron luces. Había varias mesas con niños y creo que nadie tuvo la sensación de que los niños sobraban o molestaban y además el local es precioso: sencillo, mesas amplias de madera, luminoso y muy acogedor.

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Y de la comida, qué decir. Con contaros que apenas hicimos fotos porque devoramos todo…

Casi todos los platos de la carta están pensados para ser compartidos. Comenzamos con una crema de calabaza de la que no quedó ni gota. Y seguimos con una ensalada de burrata con kumato, rúcula, aceite de albahaca y sal de humo, a la que tampoco nos dio tiempo de hacer foto.

De segundo, nos decantamos por una brocheta de rape y langostinos, unos chipirones a la plancha con piparras y trigueros y también un magret de pato con puré de batata y pera al vino, a cada cual mejor.

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Para terminar, una deliciosa tarta tatin casera y tiramisú.

Tengáis o no niños, la verdad es que merece la pena conocer este local. Y como os digo muchas veces, es mejor que reservéis antes.

Clarita
Calle Corredera Baja de San Pablo, 19
Teléfono:  91 522 80 70
claritamadrid.com